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Porque todos venimos de fábrica con un pequeño desequilibrio…

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domingo, 16 de octubre de 2011

Desnuda, mi alma y la mitad de mi cuerpo

Fría, mi cara y el deje de viento que entra por la ventana

Calientes, mis lágrimas y las plantas de mis pies...



Volvi...

martes, 15 de junio de 2010

Ella...

Se abrió la puerta y ahí estaba. Con la mirada firme hacia delante empezó a caminar, arrastrando con ella todos aquellos gritos de admiración que inundaban el espacio.
Sin embargo mientras mis ojos se clavaban en su brillo, esa remota, pero verdadera sensación de que su caminar era para mi, empezó a crecer con cada paso un poco más.
Ese pequeño e ínfimo camino tomo control del tiempo, y le cedió el paso en cámara lenta.
Yo seguía inmóvil, sin poder mover ni siquiera los dedos de mis manos, con los huesos entumecidos por el más fuerte de los escalofríos y sin embargo sintiendo ese calor que me brindaba su propio sol y que a pesar de la distancia me hacia sentir pegado a ella como almas gemelas.
De repente, como el viento que llega anunciando el otoño, una ráfaga sacudió su piel de fina tela. Mi garganta de abrió y junto a miles y millones de argentinos entoné el himno nacional Argentino…







Nos quieren dejar sin poder cantar y nosotros, cantamos igual...

martes, 1 de junio de 2010

Esos días...

Apretó fuerte sus ojos. Con esa fuerza desmedida, que lastima, que convierte la oscuridad de la vista en franjas de colores rojizos y anaranjados.
Tragó la poca saliva que sentía en su boca seca y respiró hondo. Sus ojos se abrieron y en un segundo dejaron al descubierto cada una de las líneas que permitían calcular su edad.
Mi cuerpo yacía enfrentado a su alma, la miré fijo y pude ver lo que en años había sido una simple sospecha, el peso de la paciencia, y el dolor, causa de palabras usadas como navajas que quedan aferradas al corazón.
Guardó su celular en la cartera, y con él su ira, sus ganas de hablar, que una vez más quedaban enterradas detrás de un cierre. Por un segundo nuestros pasos no pertenecieron al mismo mundo, los suyos estaban en otro tiempo, en otro lugar, quizás también guardados en la oscuridad.
Al pasar el cuarto pasillo intentó mirarme, y digo “intentó” porque sus ojos nunca encontraron los míos, se posaron en ese horizonte imaginario, lejano e invisible a cualquier persona ajena a él. En voz baja y somnolienta quiso justificar su silencio y esas palabras enterradas, pero el ruido se llevaba cada una de sus letras y las mezclaba en un torbellino sin sentido.
Al instante, una mueca salió del carrito que empujaba con sus manos, no pude ver de que estantería la tomó, si del sector de conservas o del de congelados, pero estaba hecha a su medida. Era una mueca sencilla pero completa, simple pero especial, una mueca que evolucionó y se convirtió en una sonrisa serena y madura. Enfocó, al fin, su mirada perdida en mí y dijo: - Seguramente tuvo un día complicado en el trabajo.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Sentencia


Y ahí se encontraba ella, con el cuerpo echado hacia delante, sentada en esa silla de madera que entumecía sus piernas. Y mientras las palabras le salían de la boca se sintió drogada. Extasiada con alguna sustancia la cual lograba que cada palabra perdiera sentido.
No podía ya seguir el hilo de esa conversación que ella misma había iniciado y de un segundo al otro se vio inmersa en ese laberinto de letras que su cabeza tejía sin parar.
Sin saber como, un suspiro arrojo de su boca la frase final y declaro la sentencia.